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El poder de la red: una historia que nos hace cuestionar lo que consumimos en internet

Rubí González

2026-10-22

Imagen Oye de Cine

Hay historias que nos hacen cuestionar cosas que hacemos todos los días sin pensarlo demasiado. El poder de la red, la nueva película de Aaron Sorkin, nos lleva directamente al lado más incómodo de las redes sociales, ese en el que los algoritmos, los intereses económicos y la información que consumimos pueden tener consecuencias mucho más grandes de lo que imaginamos.

Con Mikey Madison y Jeremy Allen White al frente, esta película busca demostrar que detrás de una aplicación que usamos para pasar el rato puede existir una historia bastante más inquietante.

Una historia que va más allá de Facebook

Inspirada en hechos reales, la película funciona como una historia complementaria de La red social, pero cambia por completo el enfoque. Ahora seguimos a Frances Haugen, una exempleada de Facebook que decide revelar documentos internos de la compañía con ayuda del periodista Jeff Horwitz. La investigación está basada en los acontecimientos que dieron origen a The Facebook Files, una serie de reportajes publicados por The Wall Street Journal en 2021.

Lo interesante es que la película no necesita inventar un universo futurista para generar preocupación. Su historia se construye alrededor de una pregunta muy actual, ¿qué sucede cuando una empresa tiene suficiente información para reconocer los riesgos de su plataforma, pero sus decisiones siguen teniendo consecuencias para millones de personas?

Mikey Madison se enfrenta al poder de una compañía

Después de verla en Anora, resulta interesante encontrar a Mikey Madison en una historia completamente distinta. Su personaje, Frances Haugen, representa a alguien que decide enfrentarse a una estructura mucho más grande que ella, aun cuando revelar información puede poner en riesgo su propia estabilidad.

A su lado, Jeremy Allen White interpreta a Jeff Horwitz, el periodista que ayuda a convertir esas revelaciones en una investigación pública. La dinámica entre ambos es fundamental porque muestra que descubrir información no siempre es suficiente: también hay que comprobarla, entenderla y conseguir que alguien esté dispuesto a escucharla.

Por su parte, Jeremy Strong interpreta a Mark Zuckerberg, una figura que inevitablemente despierta comparaciones con la interpretación de Jesse Eisenberg en La red social. Aquí, el enfoque no está en el nacimiento de Facebook, sino en lo que significa convertirse en una plataforma con semejante influencia.

Una película que nos obliga a mirar nuestras redes de otra manera

Uno de los puntos más interesantes de El poder de la red es que su tema nos toca directamente. No importa si utilizamos Facebook todos los días o si preferimos otras plataforma el debate sobre los algoritmos, la desinformación y los intereses de las grandes compañías tecnológicas forma parte de nuestra vida digital.

Aaron Sorkin vuelve a apostar por diálogos rápidos, discusiones y personajes que intentan defender sus argumentos. Sin embargo, ese estilo también puede jugar en su contra. Cuando una película tiene un mensaje tan claro, existe el riesgo de que sus personajes terminen funcionando como portavoces de una postura en lugar de sentirse como personas con contradicciones propias.

Y ahí está uno de sus mayores retos: convertir una investigación periodística importante en una experiencia cinematográfica que funcione más allá de la información que presenta. Porque sí, el tema tiene muchísimo potencial, pero una historia no se vuelve extraordinaria solamente por hablar de algo relevante.

¿Vale la pena ver ‘El poder de la red’?

El poder de la red llega con una propuesta que vale la pena discutir, especialmente porque las redes sociales se han convertido en una parte fundamental de nuestra rutina. Su mayor fortaleza está en recordarnos que las plataformas digitales no son espacios neutrales y que las decisiones tomadas detrás de una pantalla pueden tener consecuencias reales.

Eso sí, la comparación con La red social es inevitable y representa un reto enorme. Mientras aquella exploraba las ambiciones y contradicciones detrás de la creación de Facebook, esta película tiene que encontrar la manera de mantenernos interesados en una investigación cuyo tema ya conocemos parcialmente.

Lo que sí consigue es dejar una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que vemos en internet responde realmente a nuestros intereses y cuánto está determinado por lo que una plataforma quiere que veamos?

Al final, más allá de si logra convertirse en una película memorable, su tema nos obliga a reflexionar sobre nuestra propia relación con la tecnología. Y eso ya es una conversación que vale la pena tener.

¿Tú crees que tenemos el control de nuestras redes sociales o ellas tienen más control sobre nosotros del que imaginamos?

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